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En Memoria de Jack...

27 ago
3 min de lectura

Jack no fue simplemente mi perro. Jack fue parte de mi vida, de mi familia y de mi corazón.

Nació literalmente en mis manos, y desde ese momento comenzó una historia de amor que me acompañó durante toda su vida. Creció a mi lado, iba conmigo a todas partes y se convirtió en mi compañero inseparable. Era un perro extraordinario, noble, tranquilo, cariñoso y con una manera muy especial de entenderme.


Entre Jack y yo existía una conexión que muchas veces no necesitaba palabras. Bastaba con mirarlo a los ojos para saber exactamente qué quería o qué estaba sintiendo. Y cuando él me miraba, lo hacía con ese amor limpio e incondicional que tienen los animales, como si para él no existiera en el mundo una persona mejor que yo.

Conocía cada uno de sus ladridos. Sabía cuándo estaba feliz, cuándo estaba triste, cuándo algo le molestaba o cuándo simplemente quería llamar mi atención. Él también conocía mis rutinas, mis emociones y mis silencios.


Cada vez que llegaba a casa, Jack venía a recibirme y me llevaba alguno de sus juguetes. Si alguna vez tenía que dejarlo solo por un rato, mi regreso era para él una celebración. Por las noches dormía pegadito a mí. Incluso extraño aquellos pequeños quejidos que hacía cuando yo me movía dormida y sin querer lo tropezaba.

Hoy extraño todo.

Extraño sus buenos días.Extraño sus caricias, su mirada, sus juguetes, sus ladridos, sus pequeños sonidos.Extraño sentirlo junto a mí.Extraño simplemente saber que estaba ahí.

Jack también fue el primer perrito de mi hijo, y era parte de nuestra historia familiar. Cuando mi hijo, que es Marine, pudo regresar a casa desde su base y encontró ese espacio vacío, también tuvo que enfrentarse a la dolorosa realidad de que Jack ya no estaba. Para los dos ha sido una ausencia inmensa.


La vida de Jack terminó de una manera que nunca debió suceder, como consecuencia de la negligencia de otra persona. Es algo que todavía resulta muy difícil aceptar. Pero cuando pienso en él, no quiero que el último capítulo de su vida sea lo que defina toda su historia.

Su historia fue amor.


Fue compañía.Fue fidelidad.Fue alegría.Fue familia.

Jack me enseñó que un animal puede ocupar un lugar en el corazón tan profundo como cualquier ser al que amamos. Y cuando se pierde un vínculo así, no se pierde “una mascota”. Se pierde una presencia cotidiana, un compañero, una rutina, una forma de comunicarse y una parte de nuestro hogar.


Desde que Jack se fue quedó un vacío enorme en mi vida. Cada día le pido a Dios que me dé fuerzas para aprender a vivir con su ausencia.

Y hay algo que también le pido desde lo más profundo de mi corazón: si de alguna manera nuestras almas pueden encontrarse nuevamente, si existe otra oportunidad para aquellos animalitos que amamos tanto, le pido a Dios que algún día permita que Jack encuentre el camino de regreso hacia mí.


Porque si tuviera la oportunidad de elegirlo nuevamente, entre todos los perros del mundo, lo volvería a elegir a él.

Una y mil veces.

Gracias, Jack, por haber nacido en mis manos, por haber crecido a mi lado, por haberme acompañado, por haberme entendido sin palabras y por haberme amado de una manera tan pura.

Fuiste, eres y siempre serás mi perrito adorado.

Y mientras yo viva, tú también vivirás en mí.


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